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Judaismo

El judaísmo que querés vivir empieza con una decisión

Denise Blumenfeld22 de octubre de 20267 min de lectura
El judaísmo que querés vivir empieza con una decisión

Hay una clase guardada en tu teléfono.

Quizás es un texto que querías retomar. O una tefilá que te gustaría entender. O un Shabat que sentís que podría tener otro lugar en tu casa.

Te importa. De verdad. Y cada vez que se acerca el momento, te decís lo mismo: cuando tenga tiempo.

Esta semana quiero mirar con cuidado esa distancia. No para decirte que te organices mejor. Una vida llena de responsabilidades no se ordena con un reproche. Tampoco para decirte que ya llegará el momento, porque mientras tanto el deseo sigue esperando.

La pregunta es otra: ¿cómo empieza a tener lugar en mi vida algo que digo que es importante para mí?

Vamos a estudiarla desde una midá, una cualidad del alma que trabajamos en Musar: zerizut (זְרִיזוּת).

Lo que pasa antes de empezar

Cuando pensamos en postergar, enseguida pensamos en falta de voluntad. Pero muchas veces hay algo anterior.

Imaginá a Frida en una cena. Alguien pregunta por una berajá. Ella tiene una respuesta que oyó hace años, pero no está segura. Podría preguntar. Sin embargo, siente que a esta altura de su vida ya debería saberlo. Entonces aparece la salida discreta: después averiguo.

(Frida y Moisés, que aparece más abajo, son escenas hipotéticas.)

Hay restricciones reales de tiempo, de dinero, de cuidado familiar. Hay cansancio. Y a veces, junto con todo eso, hay un temor muy humano: volver a ocupar el lugar de quien necesita ayuda.

Reconocerlo permite elegir mejor. Si mi dificultad es el horario, necesito revisar un horario. Si mi dificultad es la vergüenza, llenar la agenda de clases quizá no la resuelva. Necesito un espacio donde pueda preguntar sin actuar como si ya supiera.

Puedo tener una identidad judía muy importante para mí y, al mismo tiempo, necesitar aprender cosas elementales. Esa necesidad merece un lugar digno.

Rabí Akiva acepta ser principiante

Avot deRabí Natán (capítulo 6) cuenta el comienzo del aprendizaje de Rabí Akiva. Es una de las versiones de su historia; hoy nos quedamos con esta.

אָמְרוּ בֶּן אַרְבָּעִים שָׁנָה הָיָה וְלֹא שָׁנָה כְּלוּם׃

«Dijeron: tenía cuarenta años y no había estudiado nada».

Akiva ve una piedra marcada por el agua. Entiende que, si el agua puede actuar sobre la piedra, las palabras de Torá también pueden penetrar en su corazón. Hasta ahí tenemos una imagen hermosa.

Pero el relato continúa. Akiva va a aprender junto con su hijo. Empieza por las letras. Se coloca en el lugar de quien necesita que le enseñen desde el principio.

El relato no dice que toda dificultad desaparece cuando uno se entusiasma. Tampoco nos autoriza a comparar nuestras circunstancias con las de Akiva para reprocharnos. Nos muestra una posibilidad: mi historia previa no tiene por qué cerrar mi capacidad de aprender.

Aceptar ser principiante cambia el sentido de la vergüenza. Ya no tengo que demostrar que sé para merecer sentarme a estudiar. Me siento a estudiar precisamente porque hay algo que todavía necesito aprender.

Hilel y la semana ideal

Puedo aceptar que quiero aprender y, aun así, seguir esperando una semana más tranquila. Hilel nombra ese mecanismo en Pirkei Avot 2:4:

וְאַל תֹּאמַר לִכְשֶׁאֶפָּנֶה אֶשְׁנֶה, שֶׁמָּא לֹא תִפָּנֶה׃

«Y no digas: cuando tenga tiempo libre estudiaré, pues quizá no tengas tiempo libre».

Pensá en Moisés. Imagina estudiar cuando se cierre un proyecto. Pero cuando ese proyecto se cierra, empieza el siguiente. Después hay un viaje. Después una necesidad familiar. La semana ideal se va moviendo hacia adelante.

La enseñanza de Hilel nos invita a revisar esa condición. ¿Necesito que desaparezcan todas las demandas para empezar? ¿O puedo buscar qué lugar darle al estudio entre las demandas que ya existen?

Esto pide realismo. Hay personas que atraviesan momentos en que apenas sostienen lo indispensable, y esta mishná no es una acusación contra ellas. Pero cada uno puede preguntarse con honestidad: ¿estoy ante una imposibilidad presente o ante una espera que nunca revisé?

Los límites necesitan atención. Las prioridades necesitan decisiones.

Zerizut antes y después de empezar

A veces traducimos zerizut como entusiasmo, diligencia o prontitud. En el marco del Musar, hablamos de nuestra disposición frente a una responsabilidad que reconocemos. El Ramjal (Rabí Moshé Jaim Luzzatto) abre el capítulo 7 de Mesilat Yesharim con una distinción:

חֶלְקֵי הַזְּרִיזוּת שְׁנַיִם, אֶחָד קֹדֶם הַמַּעֲשֶׂה וְאֶחָד אַחֲרֵי כֵן׃

«Las partes de la zerizut son dos: una antes de la acción y otra después».

Hay un trabajo antes de comenzar. Y hay otro cuando ya empezamos. Una persona se inscribe a una clase con ilusión, prepara el cuaderno, llega al primer encuentro. Después se pierde una semana y le da vergüenza volver. O descubre que aprender exige más preguntas de las que imaginaba.

Ahí empieza a importar la segunda parte. ¿Cómo retomo? ¿Qué necesito aclarar? ¿Mi compromiso estaba pensado para mi realidad o para una versión ideal de mí?

Una aclaración honesta: el Ramjal habla de mitzvot. Yo estoy aplicando su distinción a nuestro recorrido de aprendizaje, no la ofrezco como técnica para cumplir cualquier objetivo. Lo que sí nos pide es examinar cómo respondemos a aquello que reconocemos como una responsabilidad judía.

Así, zerizut deja de ser una etiqueta para personas enérgicas. Se vuelve una pregunta: ¿qué hago con lo que ya comprendí que merece un lugar?

De la boca y el corazón a la acción

En Devarim 30:14 leemos:

כִּי־קָרוֹב אֵלֶיךָ הַדָּבָר מְאֹד בְּפִיךָ וּבִלְבָבְךָ לַעֲשֹׂתוֹ׃

«Porque la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para realizarla».

Hoy me quedo con el final: para realizarla. Puedo decir que mi judaísmo me importa. Puedo sentir una conexión intensa en ciertos momentos. Y todavía necesito preguntarme qué forma encuentra eso en mi vida.

Un primer paso no resuelve toda una vida judía. Pero nos coloca dentro de un proceso. A veces incluso modifica lo que creíamos estar buscando: entro queriendo sentirme más cerca y descubro una pregunta sobre responsabilidad.

Por eso importa elegir un comienzo que permita continuar. ¿Qué estoy dispuesta o dispuesto a aprender? ¿Qué lugar puedo darle? ¿Quién puede acompañarme cuando aparezca la primera dificultad?

Para llevarte esta semana

  • ¿Qué pregunta te permitirías hacer si no tuvieras que demostrar nada antes?

  • ¿Tu dificultad es de tiempo, de orientación o de vergüenza?

  • Cuando decís que querés acercarte a tu judaísmo, ¿qué querés comprender mejor?

  • ¿Qué necesita encontrar lugar en tu vida judía para que deje de estar siempre esperando?

Si este texto te acompaña y querés trabajar estas preguntas conmigo, escribí 360. En J Growth 360° lo hacemos 1 a 1, en tu mentoría: mirar dónde estás, qué necesitás aprender y cómo darle un lugar posible a ese proceso, desde fuentes judías y desde tu realidad.

La próxima semana abrimos la pregunta que sigue: cuando algo empieza a tener sentido para mí, ¿cómo lo comparto con mi familia?

Moráh Denise Blumenfeld 🌿

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